Sábado de actividad frenética en Jerez, ciudad que oferta una programación flamenca propio de una capital aunque algunos aún no sepan valorar todo el sabor cultural de esta expresión artística. Hablamos de nuevo de peñas flamencas sin olvidar la presentación del primer trabajo discográfico de María Terremoto, que tuvo lugar en el Teatro Villamarta y que merece capítulo aparte por la relevancia del hecho en sí. La jornada fue rica en sensaciones, positiva la mayoría de ellas, sobre todo por el ambiente que se respira en cada escenario siendo el más cercano el que se vive en estas asociaciones que cada fin de semana ponen en sus escenarios a grandes nombres del cante.

La Peña Buena Gente continúa si ciclo de Otoño es Flamenco  con la participación de Juanito Villar, el de la Jineta, como se le conoció en sus inicios en su Cádiz natal. Cantaor de una veteranía considerable que celebra sus más de cincuenta años en el arte y que lo hace de una manera extraordinaria, con una garganta más firme que hace unos años y con el perfume de siempre que no es otro que la sal de su Caleta. El del barrio la Viña llegó con su escolta habitual, Pedro Carrasco ‘Niño Jero’ quien inició la velada vespertina (a eso de las cinco y media de la tarde) con un toque por bulerías que desprendió emoción por saber volcar todo el compás de la historia de Jerez en tan sólo tres minutos, ante el total gozo del respetable. Tras ello, ya con la complacencia del público el cantaor principió por soleá dejando el sello de su escuela y sin abusar de los tiempos. Fueron capotazos de arte cada una de sus letras porque ejecutaba en pequeñas dosis. Fandangos y bulerías fueron otros estilos de la primera parte. Muchos aficionados que allí se congregaron volvían su memoria atrás con los grandes éxitos de Villar que posee una de las discografías más prolíficas de su generación. Personalidad tanto en el vestir como en el decir como pudimos comprobar en los tangos. También gustó por seguiriyas. Y volvió a tirar de las bulerías para cerrar su tarde gloriosa en Jerez, teniendo en cuenta que a Juan ya no se le exige lo que a otros sino que deje, junto al rítmico y rockero Periquín, la fragancia de una época en la que su cante formaba parte de todos los festivales de entonces. A la peña se acercaron artistas y aficionados que no suelen salir últimamente de sus rincones de confort, por lo que la expectación creada culminó en palmas por bulerías. Recital corto pero intenso, rebosante de buenas energías y conexión. A las palmas estuvieron Israel López y Luismi Manteka, al igual que en el recital de la noche en Tío José de Paula.

Segunda cita del ciclo que se celebra en la calle Merced. Tras el inicio de Rancapino Chico, en la primera jornada, fue Manuel de la Fragua el encargado de continuar, acompañado de la guitarra de Juan Manuel Moneo. Dos jóvenes artistas que ya llevan media vida en los escenarios y que se conocen a la perfección, de ahí que entre ambos existiera esa simbiosis emocional con la que el público se identificó. Aunque en el transcurso de la actuación el ambiente no resultó del todo cálido en cuanto a jaleos, hay que reconocer que el público premió a los artistas con un bis, palmas por bulerías y con todos los piropos posible. Manuel demostró ser un “digno sucesor de su casa”, como dijo José María Castaño en la presentación, gustando en la malagueña y en la soleá, así como en la ronda de martinetes y tonás, y en los fandangos. El cantaor, joven pero conocedor, defiende a ultranza el peso de su sangre y es por ello que tanto en las formas como en los centros se acuerda de la humildad de su abuelo, Tío Juane, y de sus tíos Nano o el Gordo. Esa afabilidad continua resulta ser una de sus armas. El vozarrón del de la Fragua rompe los esquemas y se diferencia del eco de su hermano Pedro, aunque mantienen ambos el respeto que ha de tenerse en un escenario y el semblante serio a la par que cercano. Bajó un tanto el nivel de la garganta para recogerse por seguiriyas. Juan Manuel sigue confirmando que es uno de los que mejor acompañan de su generación. Prudente y en el sitio, le regaló compás a los tientos y tangos, y en las finales bulerías en las que estuvieron presente las bailaoras Tía Yoya y Tía Churra. Y sí, bailaoras. ¡Qué difícil hacerlo así en un metro cuadrado, bajo el escenario! Siempre generosas con los que visitan su casa y también con los vecinos de La Plazuela, barrio que sigue contando con figuras a alza como los de anoche en Tío José de Paula.