Poco se habla habitualmente de Antonio Moreno Carrasco (Jerez, 1961) en los foros flamencos de la ciudad que lo vio nacer. Quizás es porque su humildad y constante actividad no le da para dar un golpe en la mesa y reivindicar el lugar que le corresponde, o es, también quizás, porque su marcada personalidad le ofrece un campo de seguridad emocional que sabe vivir sin el piropo constante de su pueblo. Pero sin duda su trayectoria lo sitúa como uno de los cantaores más importantes que quedan por aquí, conocedor como pocos del cante grande y virtuoso en el dominio a la hora de interpretarlos. De Antonio Malena, que tiene sangre también lebrijana, habría que subrayar su dedicación a cantar para el baile que ha marcado siempre estilo en siguientes generaciones a la suya. Mítica fue su seguiriya en la serie de RTVE ‘Rito y Geografía del Cante’ junto a la guitarra de Moraíto, siendo ambos dos niños. Pues parece que desde entonces no ha dejado de crecer en el mundo del arte. Contó con la confianza de Manuel Morao, que impulsaba los inicios de los más jóvenes, y se sumó a las actuaciones de academias de baile clásicas como las de Ana María López o Manuela Carpio. A esta bailaora la acompañó en sus grandes noches allá por la década de los noventa, así como a la desaparecida y siempre recordada Ana Parrilla. Luego ha pasado por otras compañías como las de Antonio ‘El Pipa’, Joaquín ‘Grilo’, Mercedes Ruiz o María del Mar Moreno, con la que comparte ‘Jerez Puro’ hace más de una década y con la que recorre Europa ofreciendo cursos de formación. No olvidamos su publicaciones discográficas como ‘Yo Soy Así, Así Soy Yo’ (Fónotron-Calé Records, 1997), ‘Mis Pensamientos’ (Fónotron-Calé Records, 1999) o el doble compacto ‘Para ti mi cante…que es mi libertad’ (Palomino Productions, 2013), entre otras colaboraciones.

Es bueno no olvidar algunos de detalles sobre su carrera para entender el éxito obtenido en su recital del pasado sábado en la Peña Tío José de Paula de Jerez, dentro de su programación de otoño. “Hacía tiempo que no se escuchaba tan buen cante en esta casa”, dicho por algunos socios de la veterana entidad. Afincado en el barrio de La Plazuela hace más de cuarenta años, supo conectar con su cante de raíz a través de un repaso por estilos de distintas escuelas y comarcas en una muestra de dominio absoluto e inequívoco. Cuando en el escenario el cantaor exhibe tanto conocimiento, control y disfrute, el que oye y escucha se siente cómodo y huye de cualquier distracción. Así ocurrió.

De pronunciación perfecta y desde el peso que da la experiencia, Antonio inició por malagueñas del Mellizo y de Chacón, acabando este número con algunos abandolaos entre rondeñas y verdiales.  Cuatro palmeros lo escoltaron en los cantes de compás: Javi y Dani Peña, Álex Fernández y Diego Malena. A la guitarra estuvo su hijo Antonio, formidable de principio a fin. Continuó por cantiñas y gustó mucho más en las bulerías por soleá que acompañó con el golpe de nudillos en una mesa y llegó a lo más alto en las seguiriyas recurriendo a los estilos de Tío José y Manuel Torre. Es difícil explicar las sensaciones tan gitanas que su eco producía en cada tercio, en cada voz de aliento que su alma regalaba. Ahí, ahí es donde debe hablar un cantaor. La cabal del Pena recuperó cuerpo en su garganta y el público no tuvo por menos que ponerse en pie porque Antonio se estaba dejando la piel en ese escenario.

La segunda mitad Antonio volvió con “un cante que no se suele escuchar mucho por aquí como es la granaína”, y a continuación llegó la sorpresa de la noche, del mes, del año. Presentó a su hija Zaira para la que pidió “el cariño que me estáis dando a mí, porque ella está empezando en esto y le da mucho respeto cantar esta noche”. Antonio dejó la silla a su heredera y la joven comenzó a entonarse por bulerías para escuchar. Nadie se esperaba que hiciera lo que hizo, de formar la que formó. Su fina y casi rota garganta cautivó con tercios de verdad y entrega, mientras su padre suspiraba, sonreía, lloraba, se emocionaba, volvía a sonreír… Ya más aliviada echó ganas por seguiriya y recibió el calor de un público generoso en palmas. Volvió a producirse el misterio del flamenco jerezano con el nacimiento de un nuevo nombre en la saga de los Malena. No quiso Antonio meterse de lleno en las bulerías sin antes ofrecer una clase magistral por soleá. Ya en el fin de fiesta recordó los cantes de Lebrija, y las letras por fiestas que bien bailaron una vez más Tía Yoya, Tía Churra entro otros que allí se encontraban.