La Peña Buena Gente de Jerez sigue su curso de otoño. El pasado sábado fue Ezequiel Benítez el protagonista de la tarde junto a la guitarra de Paco León y las palmas de José Peña e Israel Tubío. El cantaor estuvo soberbio, mostrando un nivel altísimo en ejecución sin desmerecer nunca su postura más sensible que lo hace conectar con el público sin ningún problema. Su padre Alfredo no faltó a la cita, quien se emocionó desde un lateral derramando alguna que otra lágrima al ver la verdad del cante de su hijo, al que le ha dedicado las grandes ilusiones de esta última etapa como gran “maestro” (en conocimientos) del cante de Jerez.

Ezequiel volvió a mostrarse limpio de garganta, aunque dijo no encontrarse al cien por cien por el ritmo de trabajo que mantuvo días atrás pero a decir verdad poco o nada se notó. Y es que este joven pero ya consagrado artista de la tierra conoce al dedillo los códigos de este mundo y lleva a la práctica lo que sabe hacer según el público y el espacio que se precie. En esta ocasión no podía faltar la seguiriya porque para algo estamos en una peña flamenca de Jerez y entre el respetable se encontraban grandes aficionados, en toda la amplitud del término. Es habitual en él retorcerse por este estilo y volvió a conseguir la congoja del que escuchaba. Volcó su sufrimiento personal de una etapa dura en su vida en este grito del alma conmocionando y arrancando el llanto de uno de sus palmeros.

Paco León acompañó al jerezano de forma magistral, con un peso y un control alucinante gracias a un pulgar que marca la diferencia entre los de su generación. El joven portuense y Ezequiel conforman un dúo prolífico, con miras de futuro. A las cinco y media de la tarde comenzó el recital y, tras la presentación de Manolo Moreno, el cantaor iniciaba su tarde por tientos. En la segunda mitad llegaron los tangos. Puso de manifiesto la profundidad y el sentido (palabra intrínseca a al personalidad de Benítez) de sus Quimeras del Tiempo que va por su segundo volumen. Dos trabajos discográficos que describen su interés por sumergirse en la historia del cante representando a su forma versiones que otros popularizaron así como estilos propios de una escuela. Comprobamos su ingenio en la soleá de María Bala, recogido en el segundo compacto. Sin duda una obra de sumo gusto y de una precisión sin igual. Dominó los cantes a compás como las alegrías de Aurelio o los tangos, así como las bulerías de la primera parte titulada ‘María Magdalena’ o las del final de la gala en las que se acordó del compás de Santiago o las letras del Chozas, sumando algunos fandangos que terminaron por levantar al público.