Noche de expectación en la Peña La Bulería. Debutó en Jerez, el pasado viernes, Alonso Núñez ‘El Purili’. Este niño de dieciocho años que ha revolucionado, junto a algunos más de su generación, la actualidad flamenca a nivel nacional. Han roto ese maldito y reiterativo dicho sobre el fin del cante que los más pesimistas no hacen otra cosa que decir. Aplaudimos la actitud constructiva de aficionados como Alfonso Queipo de Llano quien desde Málaga se desplazó para disfrutar de la velada junto a otros tantos de la zona. También llegaron algunos desde la costa de Cádiz y de Sevilla otros tantos, no faltando los jerezanos.

Nacido en la Línea en el 2000, este cantaor bebe de las fuentes clásicas de Manuel Torres o Tomás Pavón, así como de los artistas festeros que dominan el baile como Miguel Funi o Perico ‘El Pañero’. En su recital del viernes demostró con creces y sobradamente su profundo conocimiento de la materia haciéndolo valedor de abanderar la etapa que le ha tocado vivir y, sobre todo, la de futuras décadas que necesitarán de seguro perfiles como el suyo. Él quería aparecer en esta tierra y triunfar, afirmando en ocasiones abajo del escenario que llevaba “días sin dormir” fruto de los nervios y de la responsabilidad.

No es fácil llenar espacio de esta peña del barrio de San Miguel, todo lo contrario. Sus dimensiones son un arma de doble filo: por un lado es enorme para acoger a un gran número de público cuando aparecen las noches más reclamadas pero por el otro puede verse medio vacía aún con un considerable aforo. Alonso consiguió llenarla al completo y ya esto es un éxito para el cantaor porque notó la atención de un respetable que ve en él cualidades más que de sobras para mandar en los escenarios.

No pudo presentarse en Jerez con mejor acompañamiento que con el de Manuel Parrilla, sencillo pero contundente en un toque gitano y actual. El sabor de sus cuerdas sirvió para que Alonso se templara por soleá llevando el gusto al máximo exponente. Otros prefieren iniciar por alegrías… A este joven le gusta el cante grande, que esto es muy serio. Por ello se introdujo en la malagueña a la que debió acudir en mayor veces a los bajos, pues cuando lo hizo dolió y el público lo agradeció. Arrancó los olés por fandangos en los que se vació de nervios cantando sin micro y enfrentándose sin miedos al cante y al que lo escuchaba. Tientos y tangos y bulerías para escuchar fueron también los cantes que interpretó este cantaor que dejó destellos de grandeza en la Peña La Bulería. No defraudó en la ronda de martinetes ni en seguiriya, caminando por donde le iba apeteciendo, fruto del control y su formación. Y en las bulerías desplegó la artillería bailándose con un desparpajo fuera de lo normal, sin prisas y derramando arte, como los buenos toreros. Manuel Parrilla se reía porque veía en él ese niño viejo que va a mandar en el cante. Tan a gusto se quedó el público que la fiesta duró hasta las tantas de la madrugada.