La categoría humana predominó en la celebración del cuarenta aniversario de fundación de la Peña Buena Gente. Ocurrió todo en Fundador, casa bodeguera que sigue apostando por Jerez y su casco histórico, de ahí la fuerte y estrecha relación con esta casa que vistió de gala a todos sus socios y amigos para festejar en convivencia esta efeméride tan especial. La elegancia y el glamour aportaron grandeza a este evento del sábado noche que comenzó con un aperitivo en la Tapería de la bodega, tiempo idóneo para saludar y departir sobre los asuntos más cotidianos de la ciudad, del flamenco, de la existencia… se habló de todo. Que si Rosalía la está formando, que si las zambombas comienzan demasiado pronto, que si “nos quedamos o no” en la Nave del Aceite… todo en un entorno cordial y amable bañado por los olorosos y finos de la casa.

Personalidades de la ciudad como Juan Salido Freyre; el hermano mayor del Desconsuelo, Paco Zurita; el presidente del Clúster Turístico Destino Jerez, Antonio Mariscal; el alcaldable por PP, Antonio Saldaña; el jefe de administración del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco, Francisco Benavent; el presidente de la Federación Local de Peñas Flamencas, Jesús López; presidentes históricos de la peña, exaltadores de la saeta de distintas ediciones, artistas y periodistas, no faltaron a la cita.

Tras las tapitas e interesantes tertulias pasamos a los conocidos Claustros de Domecq, aquel lugar en el que la Peña Los Juncales celebraba cada año su noche más preciada con la imposición del Junco de Oro a ilustres del arte. Y se menciona este hecho porque por momentos se respiró el aire de esplendor de aquella década de los 90 en la que había más riqueza que pobreza. Allí volvieron a acertar en las atenciones y el protocolo funcionó, insistiendo en la delicadeza con la que prepararon el conmemorativo acto. Fue José María Castaño, compañero en los medios de comunicación quien ocupó el atril para pronunciar de manera natural y sencilla la labor que la Buena Gente ha desempeñado en estas cuatro décadas: Exaltación y Concurso de Saetas, papel de la caseta de Feria, recitales y ciclos, fomento de las zambombas y convivencias. Asimismo Nicolás Sosa Izaguirre, presidente de la peña, tuvo palabras de agradecimiento “en esta mirada atrás por nuestra historia”.

A continuación Jesús Méndez tenía el encargo de engrandecer la jornada junto a Diego del Morao y Gema Moneo. El cantaor de La Plazuela, bien avenido con esta asociación, supo cautivar de nuevo a las más de 300 personas que estaban sentada y a las otras tantas que quedaron de pie. Comenzó el recital las notas del piano de Juan Antonio Sánchez, invitando a Jesús el recogimiento de las zambras caracoleras que su casta cantaora tomó como propias. Trajeado como acostumbra y con semblante distendido, dedicó a “mi primo Manuel Méndez” esta actuación en un recuerdo al recién fallecido Diego Méndez Garrido ‘El Pichorra’, hermano de La Paquera. Y pronto salió Diego del Morao, este incomparable guitarrista que mostró su mejor versión en el acompañamiento construyendo a su vez el camino propicio para el éxito de la noche. Y así, en plena conjunción, haciendo fácil lo profundamente difícil, deslizaron el compás en las alegrías del comienzo con las palmas de Diego Montoya y Manuel Salado. Jesús volvió a demostrar ser quien es con un dominio sobrenatural y reivindicando su papel como primera figura del cante de Jerez. Tal como Diego del Morao, tocado por la magia de su sangre que supo cuidar los silencios, rotos por las míticas falsetas de su familia. Ebullición en los tientos tangos y presencia del piano de nuevo en las malagueñas del Mellizo, sin acompañamiento de guitarra. Bulerías por soleá, momento cumbre. Perfecta combinación del mejor cante, del mejor toque, del mejor baile y del mejor compás de nuestra tierra. Entiéndase la hipérbole por la estampa creada por estos artistas. Una generación prodigiosa, y una joya del baile de Jerez como es Gema Moneo quien ya camina, vuela y baila en otros universos. Otra nativa de La Plazuela que apunta precisión y velocidad de vértigo, y esa chispa de gitanería que solo poseen las elegidas. Público en pie para agradecer este derroche de arte. Jesús Méndez volvió a acaparar el protagonismo por fandangos y bulerías atrapando la atención de todos e inyectándonos el compás en el cuerpo. Antes de un improvisado fin de fiesta salieron Rosario Heredia y Tomasa Peña, dos jóvenes del cante jerezano que se gustaron por bulerías y que mostraron la cara más romántica del flamenco actual en una interpretación de versiones de referentes como Manuel Molina o Paca y Manuela. Si cuarenta años no son nada, los deseos de otros cuarenta más.