Resulta ser un cantaor inquieto de mente. Lo muestra aun profundizando en la cara más clásica de los cantes. A pesar de recurrir a siglos pasados, a figuras creativas y a intérpretes casi olvidados por la gran mayoría, su expresión cantaora está envuelta en un velo fresco y transparente, cuyo resultado produce bondad y cercanía.  La afición de este jerezano le hace grande ante la actualidad innovadora y globalizadora, éste último término, en el sentido de la pérdida de identidad. No es el caso de Ezequiel Benítez, quien ofreció un recital de cante de altísimo nivel en la Peña Flamenca Tío José de Paula, con motivo de su tercera jornada que se enclava en el XXXI Otoño Flamenco.

El sentido de su actuación no es más que una vuelta a sus orígenes, tal y como pasará cuando presente su último disco en solitario, ‘Quimeras del tiempo’, que estrenará en Los Claustros de Santo Domingo el próximo día 7 de noviembre. Pero según confesó el cantaor en un rato de intimidad en el camerino, “no he querido hacer nada aquí que vaya a hacer en la presentación”. Es, pues, una muestra más de sus amplios conocimientos en este arte.
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Llegó acompañado por una guitarra extraordinaria, la de José de Pura. Chiclanero que pertenece a la escuela más directa de Diego del Gastor o Melchor de Marchena. Fue un placer para los aficionados, a tenor de los aplausos, poder disfrutar de su personalidad tocaora. Tras la presentación de Pepe Marín, el cantaor presentó su lado más tradicional y comenzó por malagueñas al estilo del Mellizo, hilvanadas por unos fandangos de Lucena que gustaron bastante. Su entonación y afinación, perfecta. En esa primera parte se escucharon aires de Cádiz con alegrías y alguna que otra letra de cantiña. Es un estilo en el que Ezequiel se siente cómodo y seguro, sus miras a la Tacita de Plata son constantes. Por soleá comenzó por estilos de Alcalá, para pasar por Cádiz y Jerez. Despidió la primera mitad del recital por fandangos. Naturales en su gran mayoría, y muy profundos en sentimientos. Alguna de las letras, podemos decir que hasta autobiográficas.

A lo largo de la noche se oyeron letras de puño y letra de su padre, Alfredo Benítez, amante del arte flamenco que ejerce una gran influencia en esa mirada respetuosa que tiene Ezequiel en esta cultura. En la segunda parte vimos a un Ezequiel más tranquilo, comenzando por tangos. Si hay un cantaor que nos viene a la mente cuando escuchamos a Benítez eses es El Chozas, intérprete creador de estilos al que pocos recurren en la actualidad, pero que, como ocurrió en las bulerías para escuchar, estuvo presente en algunos tercios de la noche del sábado. Si hubo un momento a destacar, tenemos que pararnos en la seguiriya. Ahí, sin trampa ni cartón, como debe ser, utilizó las fatigas personales para plasmar en modo de cante su particular dolor. Su garganta lloró, como lo hizo su familia que, entre el público, no tuvo por menos que acordarse de un familiar que les dejó no hace mucho. No pudo pasar directamente a las bulerías. La pena le ahogaba demasiado. Añadió otros fandangos muy aplaudidos. Y ahora sí, bulerías para acabar. A todo esto, José de Pura elevaba la calidad de un recital muy completo, elegante y profesional. Ambos supieron como enaltecer a un arte, el flamenco, que no siempre ha estado en los grandes teatros.

TEXTO Y FOTOS: JUAN GARRIDO