El pasado viernes concluyó el ciclo Noches de San Telmo que ha celebrado la Peña la Bulería durante tres jornadas y que en esta edición cumplían sus veintitrés cumpleaños. Tres noches que han servido para recordar a dos socios fallecidos recientemente y que tanto han aportado a la entidad de la Plazuela. Tanto la primera gala, con el cante almeriense de Toñi Fernández, como la segunda de ellas, con ese eco misterioso de Antonio ‘Agujetas’, han estado bien respaldadas por el público aficionado y fiel que asiste a la peña para mostrar sus exigencias.

Más numeroso fue el que se acercó a la sesión de clausura, donde el cante de Manuel de la Nina impregnó de buenas sensaciones al respetable, sobre todo en la segunda mitad en la que lo pudimos ver más tranquilo, dominando más el medio y disfrutando, hecho que nota el público y responde con jaleos. El descanso le sirvió a este joven cantaor de punto de inflexión.

 

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Foto: Paco Barroso

Manuel de la Nina, fruto de un matrimonio gitano en el que se unen genes de Santiago y La Plazuela, se coloca en una posición favorable para su crecimiento artístico por sus innatas cualidades, aunque sí es cierto que aún necesita pulir aspectos que en el escenario son más importantes de lo que parecen. Estamos hablando de un cantaor de apenas veinte años al que se le exige en demasía por unas expectativas que su buen hacer ha creado durante estos años que lleva en el escenario- debutó con sólo ocho años en la Bienal de Sevilla de la mano de Moraíto-.

 

Es de esos que van a llegar, sin duda. Porque su estilo en la soleá fue contundente, al igual que en los fandangos con los que puso al público en pie. En la seguiriya terminó de sentenciar. También lo pudimos escuchar por martinetes, para abrir boca, dejando claro que el poderío de su garganta es uno de sus puntos fuertes. En la bulería para escuchar terminó de colocar su bandera de jerezanía, compás y gitanería. Se implica en el cante, lo demostró en las malagueñas. Además, que no se puede obviar por su importante presencia en todo el recital, contó con el acompañamiento guitarrístico de Pepe del Morao, nieto de Manuel, recientemente nombrado ‘Hijo Predilecto’ de la ciudad de Jerez. Otro heredero del toque netamente jerezano y que acompañó a Manuel de la Nina de manera formidable.

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Foto: Paco Barroso.

El cantaor domina, sobre todo, los cantes de compás, caso de las alegrías que se marcó dejándose el pellejo y apostando siempre todo lo que en sus adentros posee. No se guarda nada para el después. Y por bulerías puso el colofón a una actuación completa, que terminó mejor que comenzó y en la que vimos a un Manuel de la Nina con un futuro prometedor, muy prometedor. Sin duda, su nombre lo veremos en los grandes carteles flamencos en las próximas décadas.