Sigo manteniendo, que tener la posibilidad de disfrutar de un espectáculo flamenco de más de dos horas con primeros nombres sobre el escenario y en un patio cargado de historia por sólo 10 euros es un auténtico regalo. Desconozco los motivos, si por el nivel de la gala o porque agosto invita más a salir, si porque hay más cursillistas o porque dio la casualidad, pero lo que sí es cierto es que el Alcázar de Jerez se llenó de público para recibir a ‘La Casa de los Sordera’- la mitad de la familia- y a Saray García.

Los Sordera: una familia querida y respetada que sigue llevando el nombre de Jerez por el mundo desde la elegancia en el decir y en el hacer, desde la humildad y la cercanía, estas son sus grandezas. Quizás estos elementos formen parte de los motivos por los que el respetable, bien aficionado, mantuvo el silencio durante la noche, sólo roto por la aclamación y las palmas de agradecimiento. La convocatoria, sexta de estos Viernes Flamencos, ofrecía el incentivo de comprobar cómo llegan las nuevas generaciones de las sagas cantaoras de Jerez, sobre todo de esta familia de apellido Soto, emparentados directamente con el mítico Paco la Luz o José Mercé. Una casa cantoara donde reside  la ortodoxia más acentuada junto a la vanguardia más respetable.

Claro ejemplo de esa mescolanza de matices sonoros se refleja en la voz de Lela Soto, hija de Vicente. Bien ataviada con mantón celeste abrió la noche por malagueñas, ejecutadas cuidadosamente y mostrando respeto en su hacer. No es producto de las nuevas fusiones, pero sus aromas están impregnado de actualidad. Modula a su antojo la voz por tangos y engancha con los fandangos. Llenó el escenario de extraordinarias sensaciones, de expectativas que han de cumplirse.  Por bulerías determinó un futuro prometedor y el público se lo aplaudió.

El discurso de otro Sordera es totalmente distinto, aunque compatible. Honesto en su discurso, mostró lo que realmente siente y sabe hacer. No precisa de la mentira ni el engaño porque él expone su aperturismo musical que nacen en los genes Carrasco de su tío Diego, o de su otro tío, José Soto ‘Sorderita’. No es cantaor de estar sentado en una silla sino que se crece moviéndose en el escenario e interactuando con el público. Quiso conectar cantando un tema compuesto por fandangos de Huelva. Luego, «a mi manera», ejecutó unas sabrosas bulerías por soleá, hilvanando su actuación con unas bulerías muy de Santiago. No quiso despedirse sin regalar algunos fandangos.

El baile de la noche lo puso Saray García, posiblemente una de las bailaoras con más fuerza transmisora de esta tierra que basa su poderío en la precisión técnica y en la flamenquería expresiva. Sin duda muestra una escuela jerezana, y unos pies de vértigo. Se hizo acompañar de los buenos cantes de Juanillorro, El Quini y Manuel de la Nina, y de la guitarra de Juan Manuel Moneo, conformando todos ellos una comunión perfecta. La joven jerezana, segura de sí misma y dominando el medio, bailó por soleá por bulerías y por seguiriyas, con el pertinente cambio de vestuario. Público en pie, merecidos aplausos y un paso más en una carrera cargada de éxitos.

El patriarca de la noche, Vicente Soto, heredero de esa voz rotunda y tajante que rebosa personalidad y complicidad con el público. Enciclopédico, realizó unos cantes de fragua con el acompañamiento sonoro de su palillo. Luego llamó a Nono Jero, guitarra oficial de la noche que estuvo siempre a la altura, también requirió las palmas de Juan Diego Valencia y Manuel Cantarote para sumergirse en los cantes de Cádiz, alegrías y alguna cantiña. Vicente es conocedor de estilos y formas, maestro del cante. Defendió la bandera seguiriyera de su casa levantando el vello, y por bulerías se acordó de su tierra, y de esos cuplés que tienen compás embaucador. Vicente no actúa en Jerez desde el pasado mes de octubre, que lo hizo en la Peña Tío José de Paula.

Hubo hasta fin de fiesta, un tanto largo, con el baile de niños de la familia y el minuto dorado de Diego de la Margara, único en su especie, que bajó el telón porque tras él, sólo queda el recuerdo.